martes, junio 16, 2009

Para pensar (de Pequeñas Semillas)

Cuando hay mucho por hacer, tratar de encarar todo al mismo tiempo puede resultar muy tentador. Sin embargo, sería extraño conseguir algo adoptando una estrategia semejante.


  • El esfuerzo más efectivo es aquel que se concentra en algo.

    Haz una cosa y hazla bien, con total concentración, hasta que haya quedado completada.

  • Deja de lado tus pensamientos y preocupaciones respecto de lo que vendrá a continuación.

  • Pon la atención en la tarea que tienes entre manos.

  • Saltar de una cosa a la otra puede ser un desperdicio de tiempo, haciendo que el impulso que traías se diluya fuertemente.

  • Cuanto más haya por hacer, más importante será que realmente te concentres en tus esfuerzos.

  • Las acciones que lleves a cabo apurado y disperso, pocas veces te llevarán allí donde debas llegar siquiera un poquito más rápido.

  • Sé paciente, mantente concentrado en una cosa a la vez y harás el mayor progreso que podrías hacer.

  • Dale a tus esfuerzos el poder de la concentración y del impulso. Y míralos generando resultados espectaculares.

viernes, junio 12, 2009

Los Cuatro Perdones

Hay cuatro perdones con los que necesitamos trabajar para sanear nuestra vida íntima.


Desde hace años mucho se habla básicamente de dos. Quisiera enunciar a los cuatro. Pero antes deseo aclarar que el perdón no es un acto: es un proceso. O sea: no es posible perdonar desde la voluntad; desde la voluntad lo que sí podemos es elegir cultivar ese proceso, sabiendo que si no lo hacemos una porción de nuestra vida permanecerá infectada, inflamada, y cada vez que algo la toque, dolerá.


No podemos, entonces, decidir “Te perdono”. Pero sí podemos decidir colaborar conscientemente con ese proceso. Este trabajo psicológico, sin embargo, es sólo una parte. La otra es que, a medida que sostenemos en el tiempo la intención de cultivar el perdón, algo nuclear de nuestro Inconsciente (nuestra Esencia, nuestro Sí Mismo) a su vez trabaja subterráneamente para que el perdón acontezca.


Sí: la médula del perdón deviene de una instancia interna superior. Por eso se llama per-don: es un don que viene desde algo muy hondo (en inglés, forgive, siendo que to give no sólo es dar, sino también consagrar, o sea: con-sagrar). De manera que decidir perdonar implica:


a) disponerse a hacer, humanamente, nuestra parte en ese proceso,

b) y también a pedir a esa instancia interna (como en una oración) que tenga a bien desplegar eso más sutil que, desde nuestro psiquismo limitado, no podemos ejecutar.


Así, cuando el perdón adviene y sentimos la herida limpia, es porque muy dentro han convergido nuestro trabajo psicológico intencional y el trabajo de nuestro Sí Mismo (sin el cual el perdón no acontece).


Esto toma tiempo; y perdonar no significa aceptar que el dañador nos siga dañando, o que retorne a nuestra vida si lo hemos expulsado: implica que esa persona ya no ocupe tanto espacio dentro de uno. De modo que no se trata sólo de “ser magnánimo con quien nos hirió”, sino de des-enquistar al otro del enorme lugar que ocupa cuando una herida no ha cicatrizado. Ése es el primer perdón. Pero hay tres más.


El segundo es el que refiere a pedir perdón (tarea indispensable en el propio proceso evolutivo): revisar nuestra historia y el día a día, determinando a quiénes hemos lastimado. Por torpeza, por inmadurez, por ignorancia, por egoísmo... Una vez detectados a conciencia estos actos incisivos, será necesario ofrecerle al otro, -si aún es posible-, nuestro reconocimiento del error: ayudarle a que despliegue el proceso de su primer perdón, pues ese proceso es más fluido si el heridor se hace cargo de la herida frente al herido. Éste también es un acto liberador, ya sea que nos brinden la disculpa o no (y debemos estar preparados para lo último, con coraje y dignidad).


Del tercer perdón también se habla mucho: perdonarse a sí mismo por el daño causado a otros. Pero al cuarto no se lo menciona, y quiero destacarlo: en un momento de soledad, de quietud, a corazón abierto, pedirse perdón a sí mismo.

Pues en muchos aspectos de nuestra vida hemos sido el heridor y el herido: nos hemos despreciado, nos hemos saboteado, nos hemos exigido hasta agotarnos, nos hemos expuesto al abuso reiterado de otros heridores, sin brindarnos cuidado ni afecto.... (Incluiría en ello el pedirle perdón a nuestro cuerpo, pues con frecuencia ha sido lastimado por nuestras actitudes hacia él.)


Si no nos disponemos a transitar este cuarto perdón, los otros tres por sí mismos no alcanzarán a cerrar los círculos abiertos, dado que cada uno de los cuatro perdones dinamiza el proceso de los otros tres, necesitándose recíprocamente.


Pedirse perdón es un acto de amistad consigo mismo, tal como lo haríamos en el segundo perdón con cualquier ser querido. Y.. ¡necesitamos ser para con nosotros mismos un ser querido! El único con el que conviviremos hasta el fin de nuestros días (y más). Recordando también que, como dijo el gran Jung: “Nadie puede relacionarse con otro mientras no se relacione primero consigo mismo”.

Pensamiento

"Cada fracaso le enseña al hombre algo que necesitaba aprender"


Charles Dickens

miércoles, junio 10, 2009

Lo que pesa un vaso de agua

Comparto un envio de Clara Amada Benítez

Un conferencista hablaba sobre el manejo de la tensión. Levantó un vaso con agua y preguntó al auditorio:

- ¿Cuánto creen ustedes que pesa este vaso con agua?

Las respuestas variaron entre 20 y 500 gramos. Entonces el conferencista comentó:

- No importa el peso absoluto. Depende de cuánto tiempo voy a sostenerlo.

Si lo sostengo por un minuto, no pasa nada.

Si lo sostengo durante una hora, tendré un dolor en mi brazo.

Si lo sostengo durante un día completo, tendrán que llamar una ambulancia.

Pero es exactamente el mismo peso, pero entre más tiempo paso sosteniéndolo, más pesado se va volviendo.

Si cargamos nuestros pesares, rencores u odios todo el tiempo, luego, más temprano o más tarde, ya no seremos capaces de continuar, la carga se irá volviendo cada vez más pesada y entonces viene la desesperación y la falta de deseos de vivir.

domingo, junio 07, 2009

Sobre Gobernantes y Otras Yerbas...

Un articulo de Andrés Malamud nos hace reflexionar sobre la clase de gente que puede tomar posiciones de poder... y que pueden resultarnos muy cercanas...

Las personas se dividen en cuatro grupos: los inteligentes, los estúpidos, los crédulos y los bandidos.

La clasificación pertenece a Carlo Cipolla, un gran historiador italiano cuyo humor no era inferior a su conocimiento.

Cuando observamos la política cotidiana creemos encontrar a dos de estos grupos:

* los crédulos, que pueblan los padrones electorales
* los bandidos, que integran las listas de candidatos

Sin embargo, diría Cipolla, si esta imagen fuera fiel a la realidad estaríamos mucho mejor.

El problema son los estúpidos.

Los cuatro grupos se definen en función de que sus acciones beneficien a los demás o a sí mismos.

  1. Los crédulos actúan de forma altruista, favoreciendo a otros a costa de su propio perjuicio.
  2. La acción de los inteligentes, en cambio, los beneficia a ellos pero también a los demás.
  3. Los bandidos damnifican a otros con tal de obtener provecho propio.
  4. Los estúpidos, por fin, son los más peligrosos: perjudican a los demás pero sin obtener con ello ninguna ventaja, o incluso embromándose en el camino.

La investigación histórica le permitió a Cipolla establecer una serie de leyes fundamentales respecto a la estupidez humana.

  1. La primera afirma que el número de estúpidos en circulación es siempre e inevitablemente subestimado.
  2. La segunda es profundamente democrática: la probabilidad de que una cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.
En otras palabras, hay gente de este tipo en cualquier grupo étnico, sexual o partidario y en todos los niveles de riqueza, cultura y gobierno.

Leyes ulteriores indican que asociarse con personas de esta característica termina siempre mal, porque el estúpido es peor que el bandido.

La diferencia reside en que el segundo está consciente de su condición, y por lo tanto puede ser disuadido de provocar perjuicio.

El impacto de la estupidez aumenta a medida que su portador se eleva en la pirámide del poder. Y tal elevación, señala el estudio, es más frecuente en las sociedades en decadencia, pero no porque haya mayor cantidad de estúpidos (ya que ese número es constante) sino porque su activismo se incrementa en el mismo grado que la permisividad ajena.

¿Cómo podemos saber cuando un político es bandido o estúpido? (ya que si fuera inteligente no habría que preocuparse y si fuera crédulo no sería político).
Es difícil darse cuenta por anticipado.

Pero es factible evaluarlo a posteriori para, aprendiendo de la experiencia, evitar reiterarla.
Y, dado que la dirigencia argentina se mantiene homogéneamente fiel a la tradición de perjudicar a los demás, deberemos considerar estúpidos a aquellos representantes que se hayan infligido un daño mayor que el beneficio recaudado.

El objetivo individual de los hombres públicos --exceptuando pulsiones más freudianas que no vienen al caso-- puede sintetizarse en dos palabras: fama y dinero.
Esto incluye a los hombres rectos que entienden a la fama como consecuencia colateral de sus buenas acciones y al dinero como un medio para hacer el bien.
La capacidad de enriquecerse y pasar a la historia, evitando mientras tanto la prisión, puede considerarse entonces como el dictamen final sobre la naturaleza de un político.

¿Cuántos presidentes, en las últimas décadas, superaron esta prueba?
¿Cuántos pueden caminar por la calle, aupados por el calor popular, y declararse satisfechos con lo que ganaron o lo que legaron?
Si la respuesta es pocos, el diagnóstico es estupidez.
Dejemos entonces de culpar a los bandidos: con ellos, inferiría Cipolla, estaríamos mejor.

domingo, mayo 31, 2009

No es pavada esto de la coma

Julio Cortázar escribió: La coma, esa puerta giratoria del pensamiento

Lea y analice la siguiente frase:


'Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda'.

  • Si usted es mujer, con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra mujer.
'Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer, andaría en cuatro patas en su búsqueda'.
  • Si usted es varón , con toda seguridad colocaría la coma después de la palabra tiene.
'Si el hombre supiera realmente el valor que tiene, la mujer andaría en cuatro patas en su búsqueda'.
  • Y ojalá sea que nadie en 4 patas detrás de nadie!!
'Si el hombre supiera realmente el valor que tiene la mujer andaría en cuatro patas, en su búsqueda'.

jueves, mayo 28, 2009

Ámame tal como eres...

Mi amiga Maria del Valle Vanzetti me envió este escrito de Daniela Luján Cogo, y con toda tu creencia, te invito a que reflexiones en él

Conozco tu pobreza, conozco las luchas y preocupaciones de tu alma, la fragilidad y las enfermedades de tu cuerpo; conozco tu cobardía, tus desfallecimientos. Pero a pesar de todo te digo: ¡Dame tu corazón, ámame tal como eres!

Si esperas ser perfecto para amar, no me amarás jamás. Aún cuando caigas a menudo en las mismas faltas que quisieras no cometer nunca, aún cuando fueras cobarde en la práctica de la virtud ¡No me niegues tu amor!

Ámame tal como eres, a cada instante y en cualquier situación en que te encuentres: en el fervor o en la aridez espiritual, en la felicidad y hasta en la misma infelicidad. Ámame tal como eres. ¡Quiero el amor de tu corazón humilde!

Si para amarme esperas ser perfecto no me amarías nunca. ¿No podría Yo hacer que cada grano de arena sea un ser radiante, lleno de pureza, de nobleza y de amor?


¿No podría Yo, con el menor designio de mi voluntad, hacer surgir de la nada miles de santos, mil veces más perfectos y más encendidos en amor que los que he creado?

¿No soy Yo, el Omnipotente? ¿Y si quisiera dejar para siempre en la nada a estos seres maravillosos, y preferir, a ellos, tu amor?

Hijo mío, déjame que te ame. Quiero tu corazón, quiero formarte, pero mientras tanto, ¡Te amo como eres!. Y anhelo que tú hagas lo mismo.
Deseo ver, desde el fondo de tu ser, elevarse y crecer como tu amor.

Amo en ti hasta tu misma debilidad.
Amo el amor de tus imperfectos.

Quiero que desde tu pobreza, se eleve continuamente este grito: "¡Señor, te amo!". Es el canto de tu corazón el que más me agrada. ¿Necesito, acaso, de tu ciencia, de tus talentos?

Es algo más que virtudes lo que busco. Si te las concediera, tu amor propio, pronto las debilitaría.

Por ello no te inquietes. Acepto de ti lo poco que tienes porque te amo. Yo te he creado para el amor. ¡Ama! El amor te impulsará a hacer lo que tengas que hacer, aún sin que lo pienses.
No pretendas otra cosa sino llenar de amor el momento presente. ¡Hoy me tienes a la puerta de tu corazón como un mendigo!
Llamo y espero. Apresúrate a abrirme. No te excuses de tu pobreza. Si la conocieras plenamente, morirías de dolor.


¡Lo que más hiere mi corazón es verte dudar, carecer de mi confianza, y rechazar mi Amor!

Quiero que pienses en Mí cada instante del día y de la noche. No hagas nada, ni la acción más insignificante, sino es por Amor a Mi.

Cuando tengas que sufrir, Yo te daré mi gracia. Tú dame tu amor y conocerás un amor tan grande como jamás podrías soñar. Pero no te olvides: ÁMAME, TAL COMO ERES.
Y no esperes a ser santo para entregarte al amor. De lo contrario, no amarás jamás".
Jesús